domingo, 18 de abril de 2010

¿Cuánto cuesta la fantasía de um soñador?

Para el soñador no hay precio.
Don Quijote de la Mancha pagaba con los sacrifios del cuerpo su loca manía de crear personajes imaginarios y se envolver con ellos de tal forma a parecerse loco, haciendo difícil la distinción entre los dos mundos – real e imaginario. Me acuerdo ahora del Mito de Caverna de Platón. Cuando uno intenta comunicar a los otros que vivían en ella, que allá, afuera, existía luz, existía vida y el encanto en el olor de las cosas le entiedoron loco y lo mataron. Para mí, la fantasía es el precio de vivir, o mejor, la condición de vivir, sin la fantasía no existiese la vida, sin duda, sería sería un error.

Es por creer en la fantasía que en ese momento consigo ver en el parque en que estoy los rayos de sol que me alcanzan a través de la flecha abierta del árbol. Las aguas bailan y asumen un ritmo sólo de ellas. ¿ y la fantasía? Bueno, creo que el día que nací, Dios dijo – Ve, hija, a sentir la miel de la vida. Y me fui,y la siento, pero con tanta intensidad, que hace mal a todo cuerpo. Yo sé que necesito la glucosa, ella me impulsa, me da energía, pudo morir se me falta esa alimenticia. Hay tiempos en que me veo un poco en Don Quijote, en otro en el Mito de la Caverna, hasta mismo en el personaje de Machado de Assis – El alienista, que creía que todos los de la villa estaban locos y él así enternó a todos.

No sé si los otros están locos, pero hay algo equivocado, por supuesto yo amo mucho, yo quiero demasiado. Vale decir que tengo una mirada bien particular para los amores imposibles. Estos sí me apetecen. Lo peor es cuando ellos descubren y deciden alejarse de mí, intentando ayudarme a no crear ilusiones. Las teorías de la literatura discuten acerca de la muerte del autor. Para mí, la actitud descrita resulta en la muerte de la vida, en el disminuyó de mi glucosa. Falta el aire, falta la alegría de infancia, falta casi todo...

Si todos los amores imposibles, que tuve, supieran los pedazoz de vida que fueron enterrados en mi ser por sus ausencias, sentirían remordimientos por los crímenes contra la vida cometidos por ellos. Porque en ningún momento he pedido carne – sexo, relación –sino un poquitín de glucosa para mantener mis días vanos y rutineros vivos y luminosos como el clarín. Ahora, estoy aquí, en el parque y contemplo el ritmo de las aguas. Son tantas ilusiones y una me basta, usted, fantasía, precio de vida de un soñador.

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

<< Página Principal