jueves, 3 de junio de 2010

¿Cuál la explicación para tamaña unión?

No sabía. Sólo reconocía tu llegada y la importancia rara que conferiste a mi vida.
Hoy por hoy, hay una alegría sin mesuras al verte. De todas las ventanas abiertas en la pantalla de la computadora, sólo una acesa la felicidad, el sueño, la fantasía, es la tuya, imagen querida. Tengo que buscarla todos los días, así como la búsqueda por cualquier alimento. Ya que verlo no es simple contento, es más una necesidad que se impone a mí...

Veo las barcas a llegar en el puerto de acá y pienso que en cualquier día de estos mi corazón puede se ablandar de manera impensada, cuando en la mirada más preocupada de los últimos tiempos, encontrar tus ojos de color miel y dulces de contento al estar estar en suelo brasileño.

Percibo que la razón es terreno que cada vez más me alejo. Los metros parten o llegan y así indentifico que por cualquiera – aire, tierra, o nuestras protectoras aguas mi pensamiento baila, veleja en las velas más suaves de mi sentir. Muchacho de belleza ímpar, me devolviste el soplo de vida tomado por las circunstacias. Y hoy me cuerpo se siente embalado por la melodía de tu poesía, de tu existir... Contigo me acerco de Dios y de tantas cosas más...

Por ti también las estaciones se vuelven más agradables. A cada frase dicha se multiplica el mundo y sus interpretaciones. Te siento cada día más fuerte y cerca de lo deseado. Quizá de aquí a algún tiempo nuestros encuentros cambien la naturaleza. Pero lo que me queda, así como a los matemáticos, no es el resultado, sino el camino recogido para él. ¿El nuestro? Lleno de flores... Por eso te digo de todos los sabores probados en esos últimos tiempos el tuyo fue el más distinto – pues tenía hasta un eje santo – un acalanto – así agradezco a San Martín.

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