Era una vez...
Ella deseaba aquella presencia como nunca. Había entendido que las personas no son obligadas a querer las otras... Su amor por él era tan grande, que las palabras concedían la vez al brillo de sus ojos y a su sonrisa de fábula. Lo más curioso era que los ojos de él tambien brillaban, según testigos, amigos. Pero había cualquier otra cosa que le impedía de decidirse.
Podría ser vanidad o cualquier otra actidud resultante de su poca edad. Ella no le seguía, no dejaba huellas, desapareció del camino de él. Pues sabía que ninguna forma de amor se matiene por el deseo de un de la pareja. Sabía aún que quien quiere busca, y su silencio ya consistía en la respuesta deseada.
Decidió seguir con las venas abiertas, sufriendo los efectos del sol y de lluvia. Porque en verdad él era su oxígeno, si está cercano es todo lindo, si está lejos asfixia. Ella sabe que todo eso va a pasar. Sabe aún que en el futuro van a se encontrar y su deseo es que ahora con más maturidad y menos ilusión, no lo más quiera, y sin hesitar pueda llamarlo verdaderamente – mi amigo. Sin ningún sentimiento exclusivo de quien ama y pierde el razón.


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