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Yo aceptaría tranquilamente apasionarme una o cuantas veces fuesen preciso
Aceptaría las lágrimas, o la risa de quien espera una vida por alguien
Que nunca saberá se vendrá...¿Adónde podría estar esa pasión?
En cualquier lugar... Travestido de mendigo o al
más nobre jovencito don Juan, pero hinchado con aires colosales de virtudes,
Era, sin duda, un castigo de dioses...
Yo aceptaría apasionarme, cometer los mismos errores
Llorar horrores por un bohemio que alteró mi equlibrio.
Sino sentirme apasionada por un chico, no hace ningún sentido!
La tensión con mi deseo genera el texto, pero no devuelve la calma,
ni la razón.
A apasionarme por muchacho ingrato prefiero la desolación
de pasar por la vida con la flecha inserida en el alma. Pasar por la vida
sin jamás haber sentido la calma, que resulta de los ratos finales de intensa lucha, explosión violenta de aquellos que se desean y tienen en la pasión su mayor aventurera de conduta.
Ay, si encuentro el cúpido vendo todas sus flechas...
y voy a vivir de sus historias, manteniendo el pueblo informado de lo que
es la pasión, gran ilusión, muy bien representada por el ese gran escultor del
amor. No fue yo quien lo mató, fueron las experiencias...


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